Lo primero: no fuerces la persiana
Cuando una persiana se atasca, el instinto es tirar con fuerza de la cinta o darle vueltas al torno. Es justo lo que no hay que hacer: si hay un bloqueo mecánico (una lama salida, el eje trabado), forzar puede partir la cinta, doblar lamas o romper el recogedor, convirtiendo una avería pequeña en una cara.
Para, respira y diagnostica. Identificar qué está fallando antes de actuar es lo que marca la diferencia entre una solución rápida y un destrozo. Vamos con las causas.



